La violencia machista me ha acompañado toda la vida. Ha ido cambiando de forma,
poniéndose diferentes máscaras: en mi juventud, en mi etapa fértil —embarazos, partos,
abortos— y ahora, en este tránsito hacia la salida de la edad fértil, en la perimenopausia.
Hoy quiero hablar de un cuerpo de mujer, de un cuerpo político, un
cuerpo que existe dentro de una sociedad que nos coloca
constantemente en jaque con sus falsas morales, con su violencia, con
sus imposiciones.
Un cuerpo que, además, es “asesorado” por una ciencia machista y patriarcal, que convierte
nuestros procesos más naturales en problemas que hay que arreglar.
Quiero hablar de cómo todo esto nos afecta psicológicamente: en la autoestima, en la
seguridad, en la forma de mirarnos y sostenernos. Y aun así seguimos.
Seguimos porque no podemos parar. Porque estamos criando, trabajando, produciendo, siendo. Porque, en el fondo de nuestros corazones, sabemos que hay otra manera de vivir. Porque intuimos que nuestro poder de criar, nuestra ciclicidad, nuestra sexualidad, no son errores ni fallos del sistema; y aun así nos esforzamos por hacerlo lo mejor posible. A pesar de la violencia —la que se ejerce sobre nuestros cuerpos y sobre nuestros procesos naturales— seguimos construyendo y transformando el mundo.
Pero cambiar el mundo y enfrentar la Violencia Machista no es una tarea solo de las mujeres.
Es una responsabilidad social enorme, que empieza por comprender qué origina esta violencia y a quién beneficia.
Porque sí, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad capitalista en la que casi toda la
producción científica pasa por el filtro de la ganancia. Incluso en las universidades públicas,
donde parece haber un poco más de autonomía, la mano de la iniciativa privada está ahí,
decidiendo qué se investiga y cómo. Y así es como, otra vez, se vuelve difícil encontrar
estudios sólidos que hablen del cuerpo femenino desde una perspectiva realmente feminista.
FEMINISTA en esencia: una ciencia que reconozca siglos de opresión y entienda que nuestros cuerpos, nuestras vidas, están atravesadas por este sistema capitalista… y que también forman parte de su posible liberación.
La liberación del cuerpo femenino pasa por conocerlo, por entender sus
ciclos, sus procesos, sus ritmos.
Así que hoy, además de gritar contra la violencia machista y contra el feminicidio —que algunos
todavía se atreven a negar, aunque solo este año ya hayan sido asesinadas 38 mujeres en
España— también grito contra la violencia institucional que sufrimos nosotras y nuestros
cuerpos. Cuando la ciencia convierte la regla, el embarazo, el parto o la menopausia en
síntomas que deben “corregirse”. Cuando las farmacéuticas —financiando investigaciones y
congresos médicos— se disfrazan de feministas mientras niegan nuestros procesos y nos
ofrecen medicación para que sigamos funcionando igual, sin cuestionar nada. Cuando la industria cosmética nos vende un modelo de mujer eternamente joven y nos machaca con
ideales inalcanzables, haciéndonos creer que es posible algo que es pura mentira. Cuando la
publicidad nos borra, nos invisibiliza a las MUJERES REALES.
Y aún así, aquí estamos nosotras: MUJERES REALES, MUJERES PODEROSAS.
Levantándonos juntas, sosteniéndonos, construyendo un mundo más justo, sin opresiones, más amoroso, donde podamos aceptarnos tal como somos. Un mundo más solidario, en el que no dejamos a ninguna amiga atrás. Un mundo donde llamamos nuestros compañeros para estar juntos en esta lucha, porque sin violencia machista ganamos todas y todos.
