Cuando las mujeres de 45 años, más o menos, escuchan la palabra perimenopausia —ese periodo que comienza con los primeros cambios hormonales y se estabiliza varios años después de la última regla— suelen sentir que no se identifican con esta etapa. Hemos crecido aprendiendo que la menopausia es el final, un “the end” donde dejamos de ser aptas para crear, cuidar, crecer… como si fuese el inicio de una serie de síntomas que anuncian el cierre de la vida que conocemos.
“Nos enseñaron que la menopausia es un ‘the end’,
cuando en realidad es otra etapa de vida.”
“Ya no somos útiles”, nos dijeron.
Pero nuestra realidad es otra. A los 45, muchas estamos de lleno en la crianza, peleando por nuestro trabajo, afrontando hipotecas, sosteniendo familias. Pensar en un “final” resulta incoherente y ajeno. Los tiempos han cambiado: la edad de independencia, de formar familia o de tener hijos ha aumentado, y las consecuencias de estos cambios aparecen de forma silenciosa. Vivimos sin pausa, resolviendo mil cosas, sin espacio para pensar. Y en ese ritmo frenético, las consecuencias se reflejan en nuestra salud, en nuestra conexión con el cuerpo, en nuestra relación con nuestros ciclos, en la negación de nuestra propia biología.
A la generación de nuestras madres le costó muchísimo romper con la opresión que vivían: acceder al trabajo, tener una cuenta bancaria propia, poder separarse, ser vistas como personas independientes. Parte de esos avances llegó también en la crianza, el derecho al aborto, los anticonceptivos… en definitiva, en todo aquello ligado a nuestra biología.
“Nuestra salud se resiente cuando vivimos desconectadas de nuestra biología.”
En ese contexto nacieron distintas olas del feminismo. Y aunque debemos agradecer estos avances, también es una oportunidad para ver cómo el sistema de vida —centrado en la productividad— se benefició de estos logros: nos sumó trabajo fuera de casa sin aliviar el trabajo de cuidados, mientras nos convencía de que podemos con todo. Hasta que, de repente, el cuerpo pasa factura: cansancio, síntomas “inexplicables”, enfermedades, lucha contra el envejecimiento, suplementos… y seguimos, seguimos, porque creemos que debemos.
Pero… ¿y si paramos?
¿Y si escuchamos nuestro cuerpo?
Si nos detenemos y conectamos con nuestras necesidades, quizá descubramos que muchas de esas “cosas raras” forman parte de nuestro ciclo biológico. Que aquello que parecía inexplicable tiene relación con una perimenopausia que avanza despacio, sin que la identifiquemos… hasta que un día se hace evidente. El cuerpo habla, y si no lo escuchamos, grita.
Hoy, gracias a los caminos que abrieron nuestras madres y abuelas, tenemos mujeres científicas, médicas, psicólogas… y existe una mirada más femenina de la ciencia, una que considera nuestras diferencias biológicas, psicológicas y sociales. Esta mirada nos ayuda a reencontrarnos con nuestra biología desde un lugar de empoderamiento y sanación.
“Los tiempos han cambiado. Nuestra menopausia también.”
Y desde ahí surgen nuevos conocimientos:
— Que la perimenopausia puede empezar hasta 10 años antes de la última regla.
— Que la menopausia no es una enfermedad, sino una etapa natural.
— Que los síntomas se intensifican si vivimos estresadas, dormimos mal, comemos ultraprocesados, azúcar, o si no hacemos ejercicio.
También nos ofrecen alternativas para transitar esta etapa de forma consciente, conectadas con nuestro cuerpo y nuestras posibilidades. Y nos muestran que la forma en que vivamos nuestra menopausia dependerá, en gran parte, de cómo hemos vivido los 10 años previos.
Nuestra menopausia no es la de nuestras madres o abuelas: somos distintas, vivimos tiempos distintos. Aunque hoy cargamos con más trabajo, más estrés, más azúcar y menos descanso, también tenemos más información, más comunidad y más mujeres transitando lo mismo. Tenemos la posibilidad de vivir esta etapa bien, mirarnos y permitirnos llegar a nuestra verdad.
Y de eso trata el curso Mujer VITAL – tu perimenopausia con poder y plenitud: de ofrecerte un espacio protegido, acompañamiento profesional y una experiencia auténtica con otras mujeres… y, sobre todo, contigo misma.

