Ha llegado el momento tan esperado por muchos: la temporada de las fiestas, la familia, los
regalos. Sin embargo, algo ha cambiado. ¿Qué ha sucedido?
Cuando nuestros hijos eran pequeños, todo parecía más sencillo. Hacíamos las cartas para los
Reyes Magos, nos informábamos sobre sus deseos y aprovechábamos ese momento de
euforia, ya fuera por las cartas, los juguetes o incluso las revistas de regalos que se repartían
(sin nuestro permiso) en la puerta del colegio. Era una excelente oportunidad para hablar sobre
el verdadero significado de los regalos, discutir qué tipo de obsequios deseaban o necesitaban
y, sobre todo, reflexionar sobre el valor de estas celebraciones. Pero ahora, nuestros hijos son
adolescentes… ¿y ahora qué?
¿Cómo podemos lograr que participen en las festividades, sin que caigan en el consumismo
puro o se sientan frustrados por no poder pasar todas las vacaciones con sus amigos y tener
que acudir a las reuniones familiares?
No pretendo decir que todos los adolescentes actúan de la misma forma, pero sí es evidente un
cambio radical en la manera en que experimentan estas fiestas cuando el centro de su vida son
su familia o su grupo de amigos. De igual manera, las familias sienten este cambio, aunque a
veces no lo reconocen o no lo asumen como parte de un proceso natural. Muchas veces
esperan que sus adolescentes mantengan el mismo comportamiento que cuando eran
pequeños, esos niños que pasaban todo el día a su alrededor.
Sí, ha cambiado todo: ellos, y nosotros también
Ya no podemos ponerlos en el centro de la Navidad. Ahora es el momento de preguntarnos qué
significan las fiestas para nosotros mismos. ¿Cómo nos gustaría vivirlas? Y dentro de esa
pregunta, no se trata de pensar en cómo eran las fiestas antes, sino en el presente, con
nuestros hijos adolescentes.
Ahora llegamos al núcleo del tema: tú y tu querido adolescente, la Navidad, los regalos y las
celebraciones familiares. Intentemos desglosarlo por partes:
- Ellos son adolescentes. Tienen sus propios gustos y el derecho de decidir sobre su
tiempo. Todo comienza por entender en qué etapa se encuentran. - No son adultos. Aunque están en pleno proceso de madurez, muchas de sus
responsabilidades siguen estando vinculadas a la vida familiar, también durante las
festividades. Eres tú quien les comunica tanto las buenas como las malas noticias,
quien les ayuda a establecer límites, a entender sus derechos y sus deberes. - Es natural que se rebelen frente a lo que antes les gustaba. No lo hacen en tu
contra, ni es algo personal; es una fase (repite esto tantas veces como sea necesario). - Si te gusta montar el árbol de Navidad, el belén o poner las luces, hazlo. Si eso te
da satisfacción, sigue haciéndolo, es algo que disfrutas tú. - Recuerda que pueden cambiar de opinión en cualquier momento sobre si quieren
o no participar. Dependerá de ti, con paciencia y criterio, decidir qué es lo prioritario.
¿Qué no se negocia? ¿En qué momento se establece un límite? La clave de la
negociación es ceder en algunos aspectos, pero también ser firme en lo que no se va a
permitir y saber cuándo hacerlo. - Habla con tu querido adolescente desde el corazón. Comparte con él o ella lo que
las fiestas significan para ti, qué es lo que haces porque te gusta y qué haces porqué
consideras que es necesario. - Involúcralos en la elección de los regalos. Haz que compartan el placer de dar, no lo
dejes para el último minuto. Pregunta antes, cuéntales lo que hay planeado, pero
prepárate para que tu adolescente quiera cambiar todo a última hora. - Ten claras tus prioridades durante las fiestas. Y sobre todo, sé sincera contigo
misma. No obligues a tu hijo o hija a hacer algo o estar en un lugar en el que, si
pudieras, tu preferirías no estar. - Abre tu mente a nuevas perspectivas sobre las fiestas. Ahora puedes pensar en
ellas con mayor coherencia y en función de tu propia presencia y bienestar.
Te deseo unas felices fiestas, renovadas y llenas de nuevas perspectivas.
