Cuando hablamos de la sexualidad de la mujer —y aquí hago énfasis en la femenina— es porque, siendo honesta, y a pesar de lo que muchas veces se dice, los hombres siguen siendo un misterio para mí. Crecí en una época en la que los géneros estaban socialmente bien marcados: o eras femenina, o masculina. Hoy el mundo ha cambiado, existen muchas más posibilidades, y celebro profundamente esa apertura. Aun así, no me considero especialista en todas las sexualidades, sino en la sexualidad femenina. Me parece bonito y honesto poder delimitar mis límites, al mismo tiempo que me mantengo abierta a seguir creciendo y ampliando horizontes.
En las mujeres —yo nací y crecí en una familia de mujeres, y llevo más de 20 años acompañando a mujeres en distintas etapas de la vida— he constatado que, queramos o no, la sexualidad es uno de los ejes centrales de nuestra existencia. Y quiero aclarar algo importante: cuando hablo de sexualidad no me refiero únicamente al acto sexual heteronormativo, sino a todo lo que gira en torno a nuestra energía sexual, una energía que nace con el deseo, con el placer, y que es fundamental para nuestra supervivencia.
Un bebé siente placer al mamar. No solo está el hambre que se calma, sino también la sensación de fusión y de placer absoluto.Eso es lo que, desde que nacemos, nos atrae hacia la vida.

Este texto habla de la sexualidad —en toda su amplitud— de mujeres mayores de 45 años. ¿Por qué a partir de los 45? Porque quiero detenerme específicamente en esta etapa vital: cuando muchas mujeres están saliendo del período fértil; cuando algunas han sido madres y otras no; cuando algunas tienen una carrera, un trabajo, una o varias separaciones; y cuando todas, de una u otra forma, hemos vivido y comenzamos a enfrentar, en nosotras mismas y en el mundo, las señales del envejecimiento.
Quiero poner el foco en mujeres con un gran acúmulo de experiencias de vida y en cómo todo eso nos marca social, biológica y psicológicamente, influyendo en la manera en que entendemos y vivimos nuestra propia sexualidad.
Volvamos entonces a nosotras, mujeres de más de 45 años. Mujeres que hemos crecido en un mundo que constantemente nos ha enviado mensajes contradictorios sobre nuestro cuerpo, nuestra sexualidad y lo que significa ser mujer:
“Debes ser deseada, pero recatada”.
“Disfruta de tu sexualidad, pero no hables de ella”.
“Cuida tu cuerpo, pero para los otros”.
“Sé inocente, pero a la vez experta”.
La construcción social de la sexualidad femenina gira en torno al otro: ser, estar, seducir, parecer para el otro.
Y si el otro te desea y te quiere, entonces tú puedes disfrutar, muchas veces a través del disfrute del otro. Simone de Beauvoir, en El segundo sexo, plantea que la mujer se hace mujer desde la mirada de deseo del hombre. Así se separan las funciones de los géneros:
las mujeres deben ser vistas,
los hombres miran.
En el ideal del amor romántico —tan perverso para el mundo femenino— a la mujer se le asigna el rol de musa inspiradora. Y como musa, su función es dejarse ver, dejarse rescatar. El hombre, en cambio, es habilitado para la acción: es el creador, el artista, el salvador. Así crecemos con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, en medio de tabúes, culpas y contradicciones.
Nuestros modelos femeninos han sido, por un lado, Eva, que come la manzana y carga con la culpa de la expulsión del paraíso, culpa que simbólicamente seguimos pagando todas las mujeres “pariendo con dolor”. Y por otro lado, la Virgen María, que concibe al hijo de Dios sin apenas un acto sexual.
En medio de todas estas imposiciones sociales estábamos nosotras: en un cuerpo, con una biología que clamaba por ser; creciendo, siendo cíclicas, teniendo deseos, sueños y una energía que muchas veces no comprendíamos.
¿Cuánta represión es necesaria para callar el deseo de vida?
¿De cuántas maneras se puede domesticar la pasión?
Cada una fue haciendo su camino, llenando su cuerpo de historias, de formas de sentir, de estar sola o acompañada, de vivir su sexualidad. Nuestra sexualidad es como una huella digital: única, así como somos únicas cada una de nosotras.
Y después de 45 años de existencia, llegamos a una etapa en la que cada nueva experiencia viene cargada de recuerdos, conscientes o corporales. Cada toque, cada caricia, puede ser el detonante de antiguas historias, el despertar de huellas que han quedado y que, queramos o no, viven en nosotras.
Es también una etapa en la que volvemos a enfrentarnos a los modelos de belleza predominantes, donde nuestra biología entra en tensión con lo que socialmente se espera de nosotras. Muchas veces parecen quedar pocas opciones razonables, a menos que podamos reconstruirnos y decidir, en nuestra propia revolución, quiénes somos y qué queremos para nuestros próximos 40 años de vida.
¿Ser el recuerdo de quien no fui, o encontrarme en quien soy?
Desde una reflexión sincera y amorosa, desde el perdón hacia una misma, podemos volver a emprender el camino. Volver a la idea del bebé, que en el amamantamiento vive la fusión entre hambre y placer infinito. Desde el toque sutil a nuestra piel, redescubrir el placer, habitar nuestros cuerpos cambiantes, nuestra nueva casa, nuestro hogar sagrado.
Sin prisa, con una escucha honesta, desde una y para una misma. Ir despacio, pero con constancia. Explorar nuestra energía sexual sin lucha, entregándonos a lo que es, a lo que somos. Y después —o en paralelo— decidir si queremos compartir este camino con nuestros compañeros o compañeras de viaje. Pero recordando siempre algo fundamental: es tu cuerpo, es tu sexualidad, es tu placer, y tú decides con quién compartirlo.
Te dejo con una invitación a un proceso largo, que a veces puede llevarte a habitar historias antiguas, pero con la seguridad de que estarás bien. Porque eres tú quien siempre ha estado ahí, solo que ahora en una nueva etapa.
Y si en este proceso sientes que necesitas apoyo, no dudes en pedirlo: a una amiga, a una compañera o a una profesional. Somos muchas las psicólogas y sexólogas especializadas en este camino. Si tienes dudas, puedes preguntarme. Y si deseas comenzar, podemos concertar una cita.

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Sábado 24
16h – Latino América
20h- Europa
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Cibeli Luz- 654163569
