Ser madre de un querido adolescente y no perderse en el intento
Vivimos en un mundo que va rápido. Muy rápido.
Trabajamos más, exigimos más y sentimos que nunca es suficiente. Y cuando hablo de producir, no me refiero solo al trabajo: también producimos en casa, en la crianza, en el intento constante de hacerlo “bien” con nuestros hijos e hijas.
Queremos darles una buena educación, ayudarlos a convertirse en buenas personas, que sean felices y que puedan encontrar su lugar en un mundo cada vez más incierto, donde incluso a nosotras nos cuesta entender hacia dónde va todo.
Y entonces aparece una pregunta que muchas madres se hacen en silencio:
👉 Me esfuerzo tanto… ¿y qué recibo a cambio?
Como psicóloga y como madre, quiero decirte algo importante: esta pregunta es válida. No te hace egoísta, ni mala madre. Forma parte del proceso de criar a un adolescente.
Acompañar a un “querido adolescente” muchas veces implica atravesar verdaderos desiertos emocionales. Momentos en los que damos, damos y damos… y sentimos que no recibimos en la misma medida. Duele. Confunde. Y sí, es más común de lo que imaginas.
Déjame invitarte a observar algunas situaciones cotidianas:
• Le ofreces cariño, atención, presencia… y recibes un límite claro. ¿Cómo te sientes?
• Preparas algo con ilusión —una comida, un plan, un momento juntas/os— y él o ella se va con un amigo o se olvida. ¿Qué pensamientos aparecen?
• Acordaron tareas en casa, tú cumples y descubres que él o ella salió sin avisar y dejó todo pendiente. ¿Qué emoción surge?
Cuando eran pequeños, el cuidado venía acompañado de abrazos, besos y “te amo” casi inmediatos.
Ahora han crecido… y la respuesta ya no es la misma.
Entonces aparece la gran pregunta:
¿Y ahora qué?
Este adolescente, que a veces sientes que no reconoces, sigue necesitando tu amor, tu validación y tu presencia. Solo que en esta etapa le resulta mucho más difícil pedirlo o demostrarlo.
Aquí va una reflexión clave que suelo trabajar en consulta:
Cuando te sientes olvidada, frustrada o desrespetada en la relación con tu hijo o hija adolescente…
👉 ¿Desde qué parte de ti estás reaccionando?
• ¿Desde tu yo adulto?
• ¿Desde tu yo adolescente?
• ¿O desde tu yo niña, con heridas antiguas que se reactivan?
Porque sí, nosotras también fuimos niñas y adolescentes. Y muchas veces, sin darnos cuenta, se abren heridas del pasado cuando nos sentimos excluidas, rechazadas o no suficientemente amadas por nuestros hijos.
Si eres madre de un adolescente y no quieres perderlo —ni perderte a ti misma— en el camino, te dejo algunas claves:
✨ Observa qué esperas de la relación: ¿das por amor o das esperando recibir?
✨ Sé amable contigo y con él o ella. No son enemigos: son dos personas intentando encontrarse en un mundo confuso.
✨ Escucha tus emociones y pregúntate desde qué “yo” estás reaccionando. A veces también necesitas cuidarte antes de volver a cuidar.
✨ Entender las etapas del desarrollo te da herramientas para acompañar mejor.
✨ Y algo fundamental: los límites, los “no” y el respeto también son amor. Las relaciones sanas los necesitan.
Y si después de leer esto sientes que necesitas ayuda, no lo postergues. Pedir apoyo también es una forma de cuidar.
Estoy aquí para acompañarte, responder preguntas o, si lo deseas, profundizar juntas en lo que está pasando.
💛 No tienes que hacerlo sola.
