Aceptación y límites: el equilibrio que transforma el vínculo
Cuando dialogo con madres de adolescentes, hay algo que se repite casi siempre.
Al mencionar la adolescencia, lo primero que surge es: rebeldía, dificultad, discusiones, silencios, enfados.
Y hoy quiero invitarte a mirar esta etapa desde otro lugar: desde la admiración.
Admiración por esos hijos e hijas que, hace poco, aprendían de nosotras, y que ahora dan un salto —natural y necesario— hacia la vida. Se arriesgan aun sin estar completamente preparados (¿acaso alguna vez lo estamos?), en medio de cambios físicos, psicológicos y sociales, y aun así siguen avanzando.
La adolescencia no es solo confrontación.
Es también valentía.
Antes de mirar a tu hijo o hija… mírate a ti
Para poder mirar a tu “querido adolescente”, te invito primero a recordar a la adolescente que fuiste.
- ¿Cómo te sentías cuando te obligaban a seguir normas que no entendías?
- ¿Cómo vivías que no te escucharan?
- ¿Qué pasaba dentro de ti cuando te imponían límites?
Pregúntate:
- ¿Me sentía aceptada, querida, validada?
- ¿O interrumpida, invalidada, presionada?
Y ahora la pregunta más importante:
¿Sabes cómo se siente hoy tu hijo o hija?
Los dos pilares fundamentales: Aceptación y límite
Si queremos restablecer o fortalecer la relación con nuestros adolescentes, necesitamos sostener dos pilares fundamentales:
- La aceptación
- El límite
Ambos son inseparables.
1. La aceptación: escuchar sin imponerse
La aceptación se basa en:
- Escucha genuina
- Comprensión
- Respeto por lo que el otro expresa
Aceptar no significa estar de acuerdo con todo.
Significa poder escuchar sin colocarnos por encima, sin intentar ganar la discusión, sin imponer nuestra idea.
Es abrirnos a lo que hay en este momento.
Y solo podemos aceptar cuando:
- Estamos seguras de quiénes somos.
- Confiamos en nuestro rol como madres.
- Sabemos que somos queridas y que la actitud del otro no es un ataque personal.
- Entendemos que equivocarse forma parte del proceso (para ellos… y para nosotras).
Aceptamos cuando podemos acompañar tanto los logros como las caídas.
Pero atención:
La aceptación sin límites es abandono.
2. El límite: la estructura del amor
Los límites no son castigo.
Los límites son estructura.
- No puedo amar si no sé diferenciar entre el otro y yo.
- No puedo respetar si nunca digo “no”.
- No puedo contener si no conozco mis propios límites.
El límite es saludable.
Es necesario.
Es parte de cualquier relación sana.
El equilibrio aparece cuando logramos:
- Aceptar a nuestros adolescentes tal como son.
- Reconocer nuestras propias limitaciones.
- Expresar con claridad lo que sí y lo que no.
- Pactar acuerdos con respeto.
Este equilibrio es dinámico.
Se negocia, se ajusta, se revisa.
Límites claros evitan conflictos innecesarios
Un límite claro:
- Evita discusiones interminables.
- Reduce negociaciones sin fin.
- Disminuye enfados frecuentes.
Y algo fundamental:
No pongas un límite que no puedas sostener.
Un límite que no se cumple genera confusión y debilita tu autoridad.
Tareas pactadas: formar adultos responsables
Si queremos hijos autónomos, debemos enseñarles a ser adultos funcionales.
Eso implica:
- Participar en las tareas domésticas.
- Trabajar en equipo dentro de casa.
Al inicio no sabrán hacerlo.
Y probablemente no querrán hacerlo.
¿A quién le entusiasma sacar la basura o limpiar el salón?
Parte de nuestra tarea como adultas es enseñar, acompañar y recordar.
Pero cuidado con desgastarte en recordatorios constantes. Sé estratégica: habla en momentos en los que puedan escucharte y asumir responsabilidad.
Consecuencias: nunca en medio del enfado
Un principio esencial:
No decidas consecuencias en medio de una pelea.
Eso no es educación.
Es castigo.
Las consecuencias deben ser pactadas previamente.
Cuando los acuerdos están claros, ellos pueden decidir:
¿Respetan el límite o asumen la consecuencia?
Eso construye responsabilidad y confianza.
Poner límites también implica acoger emociones
A nadie le gusta que le pongan límites.
A tu adolescente tampoco.
Si decides reconstruir el vínculo, es importante saber que probablemente habrá reacción. Puede rebelarse.
Pero atención:
No se rebela contra ti.
Se rebela contra el límite.
No lo tomes como algo personal.
Confía en el vínculo que han construido.
Dale espacio para expresar lo que siente.
Acoge su enfado, su frustración, su incomodidad.
Aquí volvemos al inicio:
No se trata de tener más o menos paciencia.
Se trata de comprender lo que está ocurriendo y actuar con claridad.
No estás sola en esta travesía
Somos muchas las madres que hemos tenido que detenernos y revisar nuestra forma de relacionarnos con nuestros adolescentes.
Muchas hemos tenido que hacer un trabajo interno profundo: escuchar, comprender, sanar.
Si hoy estás atravesando un momento difícil, quiero que sepas algo:
No estás sola.
A veces, cambiar la mirada es el primer paso para salir del conflicto.
Si necesitas apoyo, puedes ponerte en contacto conmigo.
Y si conoces a alguna madre que esté atravesando un impasse con su adolescente, compártele este artículo.
A veces, otra forma de mirar lo que estamos viviendo es exactamente lo que necesitamos para transformarlo. 🌿
